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miércoles, 14 de mayo de 2014

Despertar a tu lado (mini relato)

Las primeras luces de la mañana entran por los huecos de la persiana atacando mi sueño como si se trataran de pequeñas gotas calientes de agua bañando mi rostro.
Entonces me giro, evitando el contacto de la luz, dispuesta a seguir durmiendo, y te veo, lo que hace que automáticamente el sueño desaparezca y las ganas de seguir soñando se transformen en ganar de estudiar cada milímetro de ti mientras duermes aún, a mi lado, calmado y tan perfecto como solo tú puedes ser.
Me giro lentamente para no despertarte hasta poder colocarme de lado, con la cabeza apoyada en mi mano y mi codo en tu cama.
Cada parte de tu cuerpo me encanta, así es que, aprovechando esta situación, lo recorro lentamente con la mirada disfrutando de este momento. Empiezo por tu pelo, tan suave y que tanto me encanta acariciar, al igual que a ti te encanta que lo haga por lo mucho que te relaja; tus ojos, tan pequeñitos pero tiernos, sobre todo cuando me miras como tú solo sabes, con esa expresión de amor y ternura que tanto me enamora; tu nariz, pequeña y adorable, como tú cuando nos ponemos a hablar como niños pequeños como si aún lo fuéramos; justo al lado, la luberru, nombre que utilizo para llamar a tu lunar-berruga, que tanto me gustó desde que te conocí por lo graciosa que me parece; tus labios, esos labios tan perfectos que pueden hacer conmigo lo que quieran, matarme de amor con sus palabras o estremecerme de placer con su tacto; tu pecho, el que me encanta acariciar centímetro a centímetro disfrutando de su suavidad; tu entrepierna, que me da un placer de tal magnitud que no creía posible que se pudiera sentir; y finalmente tus piernas, en ocasiones fuertes y en ocasiones más tiernas que el primer diente de león de la primavera.
Nunca me cansaré de observarte, jamás, y por eso lo hago, hasta que te despiertas y me miras con esa sonrisa, oh, esa sonrisa que me vuelve loca de amor, que hace que el cielo más negro se despeje de golpe, que la lágrima más pesada desaparezca y que la pena más grande se transforme en pura felicidad. Esa sonrisa que me encanta provocar. Justo esa. Nada más que esa.
Y me besas, por supuesto que me besas, con ternura, pasión y el amor más grande que se pueda explicar. Y sin siquiera levantarnos de la cama nos perdemos bajo tus sábanas, disfrutando el uno del otro como sólo nosotros sabemos hacer, porque somo así, porque somos dos caras de una misma moneda, y por eso solo nos podemos hacer feliz mutuamente, porque somos inseparables, ahora y para siempre.

"On Abatar Ura Masarakato On-Gataru"

domingo, 26 de enero de 2014

El encuentro (mini relato)

Se volvió a despertar. Ya había perdido la cuenta de las veces que le había dado una punzada la espalda, o que se le había dormido un brazo o un pie. Como de costumbre el asiento de su lado estaba ocupado por lo que se veía forzada a intentar dormir sentada para que las horas pasaran más deprisa, algo nada cómodo a decir verdad.
Pero todo eso le daba igual, nada tenia ya importancia. Había llegado el día que tanto ansiaba, sus maletas con material para tiempo indefinido ya iban camino a su destino junto a ella, y lo único que podía pensar era que en pocas horas al fin estaría a su lado y ya no sería para verse unos días, si no para quedarse allí, en su propio piso y con su trabajo soñado.
Él llevaba horas dormido, pero aún así no paraba de mirar su tablet por si le hubiese dicho algo, inquieta, impaciente y cada vez más nerviosa por el gran cambio que iba a dar todo su mundo, por esa nueva vida que sabía que sería maravillosa pero que al mismo tiempo le inspiraba temor, aunque le daba igual, ya que sabía en lo más profundo de su ser que aquello iba a salir bien.

Al fin el autobús estaba entrando en Málaga, "ya era hora" pensó, y volvió a mirar el reloj una vez más. Sabía que aún le quedaba media hora aproximadamente para poder bajarse del bus, pero no lo podía evitar, siempre se ponía en alerta en cuando veía aquella ciudad.
Hacía rato ya que él se había despertado e iban hablando por el "line" y, como siempre, le avisó de que ya entraban en Málaga, y él, al igual que siempre, le decía que ya estaba esperándola en la estación.
Los nervios y las ansias crecían desmesuradamente y ya no paraba de mirar por la ventana para ver aquel recorrido tan conocido por ella.

El autobús comenzaba a entrar en la estación. Ella como loca comenzó a buscar a su amado por la parada, hasta que lo vio y ya no le quitaba ojo de encima sin poder evitar que en su rostros apareciera una sonrisa de oreja a oreja.
Hora de salir de aquella jaula en la que se había encontrado durante 7 horas, los nervios ya han dominado su cuerpo por completo, así que, sin esperar un segundo más se introduce entre la gente con las manos llenas de cosas deseosa de bajarse.
Sus miradas se cruzan y una sonrisa incontrolable aparece en el rostros de ambos mientras ella aún se apresura más a bajar del bus, hasta que por fin lo logra, se acerca a él con rapidez le rodea con sus brazos y sin decir ninguno ni una sola palabra sus labios se funden en un fogoso beso mientras aprietan sus cuerpos como si temieran que se les pudiera escapar el cuerpo del otro a cada uno entre los brazos.
- Te he echado de menos - le dijo ella.
- Ya no volveremos a separarnos.
Y otro nuevo beso surgió entre ellos haciendo que todo su alrededor desaparezca, como si la misma Tierra se parara ante el amor más puro que ha existido jamás, a la vez que el más eterno.

"On Abatar Ura Masarakato On-Gataru"

sábado, 18 de mayo de 2013

Crimen (mini relato)

Cuando llegué a su edificio ya sabía lo que iba a encontrarme.
Soy forense de la policía de Madrid, y, por desgracia, cada vez tengo más casos, aunque la verdad es que pocos como la escena del crimen a la que acabo de llegar, y gracias a dios.
Todos los policías que habían acordonado el edificio y me esperaban para que diagnosticara la razón de la muerte, aunque era obvia, me esperaban en silencio, sin poder levantar la mirada del suelo, abatidos por lo que me esperaba dentro de aquel apartamento.
Cuando me encontré en la puerta detrás de la cual se hallaba el cadáver mi jefe me tocó el hombro con gran pesar y me invitó a pasar. Al cruzar el umbral de la puerta comprendí inmediatamente el estado del resto del cuerpo de policía.
Una chica joven, de unos 20 o 22 años, en su cama, la cual estaba cubierta de sangre, y sobre ella se encontraba su cuerpo desangrado por unos cortes en las muñecas.
¿Qué podía llevar a una chica tan joven a cometer tal crimen hacia su persona?, los cortes eran limpios, decididos, ni siquiera había titubeado, se podría decir incluso que parecía feliz de haber muerto, era muy desconcertante y, a la vez, doloroso a la simple vista.
Tras inspeccionarla con detenimiento el cuerpo, como mi trabajo que es, se la llevaron, y yo me quedé a inspeccionar la habitación con algunos policías buscando algo que nos dijera la causa del suicidio.
Uno de mis compañeros me hizo unas señas para que me acercase. Tenía una libreta en la mano, en la cual la joven chica había escrito. Tras ojearlo un poco llegué a la conclusión de que era una especie de diario, lo que podría decirnos algo, asique lo guardé en una bolsa para pruebas. No encontramos nada más, asique nos retiramos.
Esa noche estaba completamente desvelada, asique decidí echarle un ojo al diario. Pasé horas leyéndolo, y al fin llegué a lo que la chica había escrito ese mismo día, seguramente poco rato antes de suicidarse, y lo cual decía:
 "No paro de mirar el móvil entre las sábanas de mi cama sin obtener nada a cambio más que el deslumbramiento de la pantalla vacía.
No tengo fuerzas de levantarme de la cama, ni el suficiente apetito como para que tenga que hacerlo.
Desperté hace horas, pero sin poder evitar pensar que estoy sola en este mundo cruel sigo aquí tumbada, mientras la cama cada vez me hunde más en su colchón, hasta que llegue el momento en el que me sea imposible liberarme.
Nadie lo entiende, nadie entiende lo que es sentirse completamente sola, dolida, llorar sin descanso, perder las fuerzas, perder las ganas de luchar. Nadie sabe como ayudarme, pero también es verdad que prácticamente nadie sabe como estoy.
Los días son una lucha continua entre mi yo interno, que se ha cansado de vivir, y las pocas personas que evitan que él gane.
Sólo quiero que todo acabe, que este sufrimiento termine, que esta sensación se desvanezca, pero por alguna extraña razón que no consigo alcanzar a entender, no puedo cumplir mis propósitos.
Cada día que pasa es más duro, peor, una tortura más en este mundo en el que no quiero permanecer, del que ya me hubiese gustado irme, a decir verdad.
Duele vivir, duele pensar, duele aguantar...duele, todo, absolutamente todo, cada gesto, cada mirada, cada día, cada sentimiento...oh si, eso es lo que más duele, sin ninguna duda, los sentimientos, dolorosos e insufribles sentimientos.
¿Y los sueños?, apenas tengo, a decir verdad, pero los poco que tengo son tan...reales, que me cuesta incluso despertar y hacerlo de verdad, salir de ellos.
La verdad es que no se ni por qué escribo esto, ¿para intentar no pensar en lo que va a pasar inevitablemente?, puede ser, pero ya he tomado una decisión, ya no puedo más.
Adiós, al fin, adiós, y que nadie venga a buscarme por favor, creo que tras esto...será la primera vez que de verdad necesite estar sola."
 Al terminar de leer estas palabras tan sumamente dolorosas me sorprendí llorando.
Pude sentir su dolor con cada palabra, su sufrimiento.
Ojalá hubiese podido ayudarla. Y con ese pensamiento cerré el caso, con ese pensamiento y con la palabra "suicidio" en su interior.

"On Abatar Ura Masarakato On-Gataru"

martes, 14 de mayo de 2013

Sexto día (mini relato, 6º parte)

Aquel día era sábado, por lo cual no estaba seguro de que ella fuera a ir al parque como siempre y él se debatía entre mandarle un mensaje para preguntarle o simplemente ir a esperarla sin más. Finalmente, tras mucho pensarlo, miró el reloj, eran las 12:00 de la mañana, cogió el móvil y comenzó a escribir el mensaje. Escribía y borraba una y otra vez, sin estar seguro de cómo preguntarle si ese día se verían, ya que además se trataba del primer mensaje que le mandaría.
Tras veinte minutos modificando el mensaje finalmente dio con el apropiado, el cual decía: "Buenos días guapísima, ¿nos veremos hoy de nuevo?, la verdad es que me encantaría si a ti también te parece bien", y con la mano temblorosa pulsó el botón "enviar", tras lo cual dicho temblor se extendió por todo su cuerpo.
Se sentó en la cama de nuevo, móvil en mano, esperando nervioso la respuesta de ella, la cual apenas tardó unos minutos, aunque a él le pareció una eternidad, y dicho mensaje decía: "Buenos días encanto, por mi encantada la verdad, nos vemos a la misma hora donde siempre ;)". Su corazón iba a estallar de felicidad cuando leyó aquellas dulces palabras de su preciada amiga. Sin esperar un instante más se fue corriendo a la ducha para comer cuanto antes y que no se le hiciera tarde.
Las horas que pasaron desde que recibió el mensaje hasta que llegó el momento de ir al parque le parecieron años, pero al fin salió de casa al encuentro de su amiga.
Al llegar al parque el corazón se le detuvo. Estaba cerrado y ella no se encontraba allí, aunque pasaban 5 minutos de su hora de encuentro, ya que le habían entretenido por el camino unos conocidos.
Miró a todos lados nervioso y temeroso de que ella al ver la puerta cerrada y no encontrarle allí a la hora fijada se hubiese ido.
Tras otros 5 minutos y justo cuando iba a rendirse y a volverse abatido a casa ella apareció corriendo por la esquina de la calle que iba hacia la puerta del parque. En cuanto estuvo lo suficiente cerca de él como para que le escuchase dijo con la voz entrecortada por el cansancio de la carrera que acababa de darse:
-Lo...lo siento...el bus...tardó...tardó demasiado...
Él inmediatamente y sin dejarle decir palabra alguna más la abrazó sonriendo, tras lo cual añadió:
-No te preocupes preciosa. Hoy no tenemos el parque, ¿nos damos una vuelta?
Ella le devolvió la sonrisa y tomando su mano ambos se fueron paseando y hablando alegremente.
Fue el primer día que se juntaron fuera del parque, y para ambos fue maravilloso.

"On Abatar Ura Masarakato On-Gataru"

Quinto día (mini relato, 5º parte)

Otro día más comenzó nuevamente inundando de luz la habitación de él como cada mañana, solo que esa mañana despertó con una sonrisa en su rostro que solo el recuerdo del día anterior podía causarle.
Inmediatamente se levantó de la cama y fue directo hacia su mesa, sobre la cual se encontraba su tablón de corcho, y en éste se encontraba pinchado el papel que en ese momento era el bien más preciado de toda aquella habitación para él.
Tras mirar el reloj y comprobar lo tarde que era se preparó y salió corriendo de casa para llegar a tiempo a clase.
Ya era viernes, por lo que tenía pocas horas de clase, asique al terminar estuvo haciendo tiempo hasta que al fin llegó el momento de ir a ver a quien le alegraba los días con su simple presencia.
Al llegar al parque, como siempre, ella estaba allí, esperándole apoyada en la varandilla, y él inevitablemente se quedó unos instantes observando su belleza desde la distancia, hasta que finalmente se acercó a ella con una sonrisa en el rostro y comenzaron a hablar como siempre.
Aquel día él había llevado una baraja de cartas ya que hacía un sol espléndido, y como él había planeado se tumbaron en el césped a jugar a las cartas disfrutando del magnífico tiempo que hacía.
Pasaron las horas y no se dieron ni cuenta de que ya no jugaban, charlaban y se reían a la luz del sol, si no que lo hacían alumbrados por las farolas, entonces recogieron, se levantaron, y tras un largo abrazo que para ambos fue solo como un segundo, se despidieron.
Él, como siempre, tras acompañarla el tramo de cada día, se quedó observando cómo se alejaba por la calle hasta que desaparecía, y luego tomaba el camino hacia su casa sin dejar de pensar en su preciosa amiga.

"On Abatar Ura Masarakato On-Gataru"

jueves, 7 de marzo de 2013

Te echo de menos (mini relato)

Despertó ya con lágrimas en las mejillas, algunas secas y otras recientes, las cuales sus ojos habían derramado mientras dormía debido a la tristeza y pesadumbrez que sentía en su corazón.
Se levantó de la cama lentamente; le pesaban todos y cada uno de los músculos de su cuerpo, y no podía ser de otra cosa que de no levantarse de la cama, ya que llevaba una semana casi sin hacerlo.
Cuando al fin consiguió ponerse en pie se dirigió lúgubremente hacia el baño mientras iba quitándose la ropa y dejándola en el suelo que dejaba tras de sí de su pequeño piso.
Tras una ducha que creía que la animaría y comprobar que no fue así decidió que quizás cocinando cambiaría algo su humor, algo que necesitaba aquel día desesperadamente ya que esa noche le habían prometido ir a verla y sacarla de casa, y no quería que sus amigos vieran su realidad.
Sin apenas pensarlo comenzó a hacer unas galletas de chocolate con almendras. Mezcló los ingredientes sin que en su rostros se reflejara más que pura tristeza. Colocó la masa de las galletas con una cuchara sobre los silpats con la esperanza de que reflejaran pequeños soles en su corazón, pero no fue así.
Finalmente horneó las galletas, y tras esto las fue poniendo sobre un plato para que se enfriaran. Sin saber si quiera por qué tomó asiento ante la mesa de la cocina y se quedó mirando fijamente las galletas, casi sin parpadear, hasta que de pronto se percató de que aquellas galletas que había hecho sin obtener ese ánimo que tanto ansiaba eran las suyas. A su subconsciente única y exclusivamente vino esa receta cuando pensó en cocinar, y por eso la hizo sin pensar que aquellas galletas eran las de aquel que tanto añoraba, y las cuales ahora tenía delante de su rostro mientras de nuevo las lágrimas comenzaban a recorrer sus mejillas hasta su barbilla para finalmente caer sobre sus manos, encima de sus piernas.
Aquello la estaba matando, lloraba día tras día, y ahora había hecho justo esas galletas, y no pudo más. Fue rápidamente a su cuarto de nuevo, se vistió, volvió a la cocina, metió todas las galletas en un taper y salió por la puerta de casa intentando mantener la firmeza de su decisión.
Tras algo de tráfico, estrés y tiempo perdido encontrando aparcamiento al fin se encontraba ante la puerta de su casa, con el taper con las galletas en la mano izquierda y la otra mano en el timbre, pero sin llegar a llamar.
De nuevo, lágrimas. No podía parar de pensar en todo tipo de desprecio que podría recibir al hacer un acto tan sumamente simple como llamar a un timbre. No pudo hacerlo. Volvió al coche sin poder dejar de llorar, se sentó en el asiento del conductor con el taper sobre las piernas, sujetándolo, y la cabeza baja, fija en ninguna parte.
Entonces cogió un papel y un bolígrafo de la guantera. Escribió algo en el papel, lo metió en el taper de las galletas y respiró profundamente durante unos minutos para intentar calmarse y reunir las fuerzas suficientes para volver a aquella puerta.
De nuevo allí estaba, ante la puerta, con el taper en la mano, pero esta vez no se disponía a llamar al timbre, aún no.
Volvió a bajar la mirada perdiendo la compostura de nuevo, y sin esperar un instante más dejó el taper en el suelo, llamó al timbre y se fue a un lugar donde podría observar sin ser vista.
Allí estaba él, abriendo la puerta de su casa, viendo las galletas, tomando el taper, abriéndolo y leyendo la nota allí mismo, la cual decía: "Lo siento muchísimo. Te echo de menos. Acepta las galletas por favor". Se quedó durante unos instantes mirando la nota, hasta que finalmente entró en su casa de nuevo galletas en mano.
Ella desde su escondrijo sonrió. Se alegraba de que no hubiese tirado las galletas.
Volvió al coche, a su casa, y allí, sin planteárselo ni un segundo más, tomó un bote de pastillas, se tumbó en su cama y se lo tomó entero.
Esa misma noche la encontraron gracias a la preocupación de sus amigos, pero ya era demasiado tarde.

"On Abatar Ura Masarakato On-Gataru"

miércoles, 2 de enero de 2013

Dormida (mini relato)

Caminaba por un bosque, pero no un bosque tenebroso ni putrefacto, no, todo lo contrario, un bosque precioso, lleno de luz, colores y vida.
Estaba tan absorta en aquel mundo tan perfecto y bello que ni siquiera se percató de que alguien la observaba.
De pronto un ruido a su espalda, una rama rota quizás, que la hizo volverse bruscamente y escrutar con la mirada entre la multitud de árboles buscando al responsable, pero no vio nada. Siguió buscando un rato, paseándose entre las plantas, pero nada.
Sonrió, cerró los ojos unos instantes mientras centraba sus pensamientos en otro lugar.
Cuando abrió los ojos ya no estaba en el bosque, ahora se encontraba en una pradera llena de margaritas, y un poco más abajo, en la misma montaña, cientos de ovejas pastaban calmadamente.
Sonrió de nuevo; aquello era perfecto. Se tumbó entre las margaritas a mirar el cielo azul, el cual de pronto se oscureció dejando ver todas las estrellas que formaban el firmamento. Se quedó absorta y llena de felicidad mirándolas pensando que podría pasar la eternidad en aquel lugar.
De pronto todo empezó a temblar, pero ella no se asustó, sabía perfectamente lo que pasaba. Un ruido estridente llenó el prado, aunque las ovejas ni siquiera se percataron, y no se extrañó de ello, ya que ellas no podían oírlo.
Cerró los ojos de nuevo, y cuando los abrió ya no estaba en el prado, se encontraba dentro de una habitación, en su habitación. Con desgana y decepción se levantó lentamente.
Estaba harta de despertar, de volver a la realidad, a aquel infierno que todos llaman realidad.

"On Abatar Ura Masarakato On-Gataru"

sábado, 29 de diciembre de 2012

El fin del mundo (mini relato)

"Me llamo Alba Blázquez Manrique y tengo 21 años. Apenas me quedan fuerzas para escribir estas palabras, pero me veo con la necesidad de servir de mensajera. Por favor, si algún día alguien encuentra este diario que no se lo tome a la ligera, como una novela de ficción o como el relato de una simple perturbada. Todo lo que escribo aquí es completamente real, y si algún día vuelve a haber vida en este planeta no quiero que cometan de nuevo los mismos errores que cometimos nosotros.
Me llamo Alba Blázquez Manrique, y este es el principio del fin."

*21/12/2012 - 23:45 p.m.
Quedaban apenas quince minutos para que ocurriera el supuesto "fin del mundo" que los mayas predijeron, pero...¿era real?.
La gente estaba en sus casas, con preparativos navideños o simplemente negados a creer que de verdad esta profecía se llegara a cumplir. Sólo unos pocos en todo el mundo realmente creyeron que algo espantoso sucedería y se prepararon para lo peor.
Algunos únicamente se despidieron de sus seres queridos; otros hicieron compras masivas de comida; otros incluso prepararon búnquers en los que metieron a sus familias con suministros, ¿pero alguno de ellos tenía razón? ¿alguno de ellos estaba realmente preparado? ¿estaban en lo cierto o eran simples maníacos?, aún quedaban quince largos minutos para averiguarlo.
Estos quince últimos minutos fueron cubiertos por millones de acciones en todo el mundo, tanto de gente que creía en el fin del mundo como de la gente que no. Desde acciones de amor, fe, desesperación...a la simple acción de tomar una cerveza y darle un largo trago disfrutando del frescor de la misma atravesando sus gargantas.

21/12/2012 - 23:59 p.m.
Llegaba el momento de la verdad. Tanto los corazones de los que creían como los de los que no se encogieron inconscientemente esperando el final.

21/12/2012 - 00:00.
La oscuridad.
La luz de todo el mundo se fue al unísono, ¿pero aquello era real? ¿o un simple fallo eléctrico?.
La gente esperó, impaciente el regreso de la luz, abrazada a sus seres queridos, sin moverse de sus casas por miedo, o corriendo hacia ellas exactamente por lo mismo.
Esperaron, acurrucados, como animales salvajes atemorizados, buscando el calor, la seguridad de un conocido, de un familiar.
Y siguieron esperando; hasta que finalmente amaneció.

22/12/2012.
Nadie entendía nada. Por supuesto probaron todo tipo de aparatos en sus casas, buscando un signo de electricidad, cualquiera, por nimio que fuera.
Finalmente algunos responsables de familias decidieron salir a la calle y buscar explicaciones, si es que existían, para aquel fenómeno. Incluso los que se encontraban en los búnquers salieron. La curiosidad de la raza humana es inmedible, al igual que su despreocupación hasta el momento crítico.

22/01/2013.
Pasaron los días y nadie sabía nada, la luz no regresaba. Empezaban a quedarse muchos sin alimentos y el caos comenzaba a aflorar en las ciudades.
Los más inteligentes se fueron, huyeron a poblaciones más pequeñas con la esperanza de estar más seguros y poder proteger mejor a sus seres queridos.
A medida que la gente avanzaba por el exterior de las ciudades empezaron a percatarse de que el fallo de la electricidad no había sido lo único que había ocurrido.
Los lagos y ríos estaban secos, las plantas y los animales muertos, ¿cómo podía haber pasado aquello en tan solo un mes desde que ocurrió el apagón?. La Tierra se moría, y era demasiado tarde para salvarla, para salvarnos, era el final.

01/02/2013.
Pasaban lentamente los días.
En las zonas rurales, aquellos pocos afortunados que habían tenido alimentos para sobrevivir hasta entonces, intentaban plantar para poder comer, pero era inútil, nada crecía, ni siquiera había agua para regar o beber.
Era realmente demasiado tarde.
Después de muchísimos años avisándonos de su debilidad finalmente la Tierra había muerto, y ahora nos tocaba morir a los asesinos.*

"On Abatar Ura Masarakato On-Gataru"

domingo, 4 de noviembre de 2012

Cuarto día (mini relato, 4º parte)

Aquella mañana el cielo había amanecido cubierto de nubes. Estaba claro que llovería, pero se quedó dormido, y salió tan rápido de casa hacia la universidad que olvidó coger un paraguas.
Tras todo el día de tormenta y abundante lluvia mientras estaba en clase al fin llegó la hora de reunirse con su amiga. Puesto que llovía tanto la gente estaba aglomerada en la universidad y entre unas cosas y otras se le hizo tarde. Cuando se dio cuenta salió corriendo sin pensárselo dos veces bajo la lluvia hacia el parque donde estaba seguro de que ella le estaba esperando.
Había pasado ya media hora de más y llovía a mares cuando él llegó al parque y empezó a buscarla con la mirada. No estaba donde siempre, ni en los bancos de alrededor, lo que le abatió completamente.
Tras quince minutos buscándola finalmente se rindió, se apoyó en la barandilla donde siempre hablaban y se quedó mirando a la nada bajo la lluvia, triste, sintiéndose culpable incluso por haber llegado tan tarde. Pero cuando ya estaba dispuesto a irse escuchó la voz de la muchacha proveniente de detrás de unos arbustos, bajo un árbol en el que ella intentaba cobijarse de la lluvia sin lograrlo:
-Yo también he olvidado el paraguas - dijo mirándole con incredulidad y sin poder evitar demostrar preocupación en su rostro por lo mojado que estaba aunque ella también estaba empapada.
Él ni siquiera dijo nada, simplemente se acercó a ella y la abrazó con todas sus fuerzas mientras le susurraba con ternura al oído: "lo siento mucho, no volveré a llegar tarde. Jamás".
Ella se quedó sin habla. Era la primera vez que tenían tanto contacto el uno con el otro, y apesar de estar ambos completamente empapados sintieron un calor tan reconfortante que estuvieron abrazados durante horas bajo la lluvia.
De pronto dejó de llover, y es lo que hizo que volvieran en sí. Se separaron lentamente mirándose a los ojos hasta que finalmente sus cuerpos ni se rozaban, aunque ambos seguían sintiendo ese calor en el cuerpo que no querían que se fuera jamás.
Entonces él la agarró de la mano y le hizo un gesto con la cabeza sonriéndola para que le siguiera, y ella lo hizo sin dudar.
Salieron del parque agarrados de la mano hasta una parada de autobus, en la que él buscó en su carpeta un trozo de papel seco y se lo dio a ella junto con un bolígrafo. Ella automáticamente dividió el papel en dos, escribiéndole en uno de los dos trozos su número de teléfono, y el otro se lo devolvió cediéndole el bolígrafo de la misma manera que él lo había hecho antes. Él sonrió y apuntó su número en el papel en blanco, guardándoselo a ella después en el bolsillo del pantalón mientras le daba un beso en la mejilla en señal de despedida.
De nuevo se separaron lentamente mirándose fijamente a los ojos, y cuando sus cuerpos ya no se rozaban ella se dio la vuelta con una sonrisa en el rostro y se fue, y él, tras perderla de vista, hizo lo mismo.

"On Abatar Ura Masarakato On-Gataru"

domingo, 9 de septiembre de 2012

Tercer día (mini relato, 3º parte)

Un día más, como todos desde que conoció a esa extraña y bella chica, el muchacho se dirigió desde su universidad hasta el parque de Calisto y Melibea, donde seguro ya se encontraría ella allí.
Este día, ya que estaba cansado de hacer el mismo recorrido siempre, decidió probar otro camino para ir al parque, estando seguro de que no retrasaría su llegada al mismo. Cuando iba alegremente por el nuevo camino observando con atención su alrededor su mirada se posó en una pastelería que se encontraba a unos metros de él, en su camino, y en la que decidió detenerse a mirar los exquisitos pasteles que mostraban en el escaparate.
Había una galleta en particular que llamó su atención en mayor medida. Era una simple galleta, de mantequilla seguramente, sin color alguno, pero con una forma especial. Tenía la forma de un Cupido, un pequeño Cupido, del tamaño de la palma de una mano, plasmado en una galleta que realmente parecía la más deliciosa de todo el escaparate. Sin poder aguantar más entró en la pastelería y compró una de aquellas curiosas galletas para su nueva amiga, ya que le recordaba enormemente a ella.
Al llegar al parque, bolsita de la pastelería en mano, allí se encontraba, como cada día, su amiga, en el mismo lugar en la misma posición. Al acercarse a ella él también dejó sus cosas en el banco en el que se encontraban las de ella, excepto la galleta por supuesto, la cual aferraba con fuerza y algo de nerviosismo por no saber si a ella le gustaría el detalle.
-Siento haber llegado tarde hoy - cuyas palabras, a la espalda de la chica, provocaron que esta se girase instantáneamente.
-No te preocupes, apenas son unos minutos - dijo sonriéndole ampliamente al ver que se trataba de él.
-Te he traído una cosilla por cierto, espero que te guste - se apoyó junto a ella en la barandilla como de costumbre y le tendió la bolsita con la curiosa galleta.
-Vaya, muchas gracias, eres muy amable - cogió la bolsita claramente ilusionada por el regalo y miró dentro de ella, tras lo cual de nuevo su sonrisa se amplió y sacó la galleta colocándola en la palma de su mano y mirándola fijamente.
Entonces el muchacho también miró la galleta, con la sorpresa de que ahora ya no era incolora, si no que el corazón que hace función de punta de la flecha de Cupido ahora era de un rojo intenso precioso sin lugar a dudas. Instantáneamente se quedó sin habla. Estaba seguro de haber mirado bien aquella galleta en la pastelería y de que no tenía absolutamente nada de color, pero allí estaba, frente a él en las manos de su amiga, con ese pequeño corazón rojo.
-¡Muchas gracias! - le dijo ella con ímpetu abrazándole aún con la galleta en la mano con cuidado de no romperla, pero al notarle algo raro se separó de él ligeramente y le preguntó extrañada - ¿pasa algo?, me ha gustado mucho de verdad, las esperas se hacen más cortas con el estómago lleno - dijo mientras le dedicaba una nueva sonrisa a su amigo algo confusa aún por su reacción.
-No, no, me alegro de que te haya gustado de verdad, me acordé de ti al verla en la pastelería, es solo que... - tomó la mano de la muchacha con la que esta sujetaba la galleta y se quedó mirándola fijamente, en particular al pequeño corazón rojo intenso que juraría que antes no estaba ahí.
-¿Quieres un cacho? - preguntó sonriéndole al darse cuenta de la razón de la reacción del chico - podemos compartirla - tras estas palabras, y sin que su sonrisa se ensombreciera ni un ápice, partió al Cupido por la cintura, ofreciéndole a él la parte de arriba, en la que se encontraba el corazón que tanto le intrigaba.
Éste cogió la galleta, sin ser capaz de pronunciar palabra alguna y comenzó a comérsela, apoyándose, al igual que ella, de nuevo en la barandilla mirando a la nada, como cada día a la misma hora en el mismo lugar.

"On Abatar Ura Masarakato On-Gataru"

miércoles, 25 de julio de 2012

Ilusa (mini relato)

Ella estaba sola, más sola de lo que podría nadie imaginarse. Lo ocultaba tras sonrisas falsas y risas amargas, mientras por dentro lloraba ríos de lágrimas día tras día. Pero entonces...entonces apareció él, el que ella consideró su salvador, el que le sacaría de sus tinieblas para hacerla feliz como tanto había deseado desde que le habían roto el corazón en mil pedazos.
Empezaron a intimar y él la trataba como una princesa del mejor cuento de hadas que se hubiese escrito. Comenzó a reconstruir su corazón roto consiguiendo que volviera a latir, pero esta vez por él, por su nuevo amado.
Él comenzó a ser su vida, todo lo demás le daba igual, solo quería pasar los días a su lado, besándole, abrazándole, dándole todo el amor que se encontraba en su interior, sin mentiras, sin dolor...todo era absolutamente maravilloso.
Pero entonces, un día él cambió, sin entender ella cómo ni por qué, pero cambió. Ella no paraba de pensar que había hecho algo mal, que había cometido un error con su amado, aunque intentaba hacerlo todo lo mejor posible...dio igual, porque él ya nunca volvió a ser el mismo.
Los días tornaron completamente distintos a los que ya habían vivido, él comenzó a ser frío con ella, a darle largas para no verla incluso. La muchacha no entendía nada, sólo sentía un dolor incalculable en el pecho por el vacío que su amado le hacía cada día más pronunciado.
Finalmente todo terminó. Tras tiempo sin verse ante las largas que él le ponía siempre hablaron, y todo acabó. Ella se quedó completamente destrozada. No entendía nada, le amaba, quería estar con él, no podía creer que ya no fuese a volver a verlo ni a sentir su calor.
Ahora ella solo sentía dolor, un dolor que le oprimía el pecho y causaba horas y horas de llantos inconsolables que quedaban escondidos en la intimidad de su habitación. Se le quitaron las ganas de todo, de estudiar, de comer, de salir...de vivir.
Pasaba el tiempo y seguía abatida por el dolor, sin poder levantar cabeza, por lo que se dio cuenta de que su vida había llegado a su fin con aquella relación.
Se vistió por última vez, cogió una fuerte cuerda y se dirigió al campo más cercano de madrugada, para que nadie pudiera detenerla. Cuando encontró un árbol con las ramas fuertes y poco iluminado lanzó la cuerda por encima de una de sus ramas y la ató a esta, dejando el otro extremo colgado. Se subió a un trozo de madera que encontró, colocó la cuerda alrededor de su cuello y sin pensarlo ni un instante saltó.
Al día siguiente lo encontraron allí, colgado, aquel cuerpo sin vida pero con una sonrisa en el rostro. Al fin era libre y su dolor había terminado. Al fin estaba tan muerta por fuera como ella se sentía por dentro desde que aquel muchacho le destrozó el corazón.

"On Abatar Ura Masarakato On-Gataru"

martes, 24 de julio de 2012

Flores (mini relato)

Volvía a clase como todos los días a través del parque. Iba absorto en sus pensamientos cuando de pronto escuchó un dulce cantar proveniente de entre los arbustos. Fue como si el cantar le hipnotizase y no pudo evitar asomarse a mirar quien era la dueña de aquella maravillosa voz.
Era una joven muchacha que se encontraba sentada en el césped. Él no había entendido hasta ese momento que era lo que cantaba la muchacha debido a que solo apreciaba la melodía, pero entonces pudo comprender que cantaba a las flores.
La chica no paraba de acariciar los pétalos de una gran variedad de flores que había a su alrededor, y el chico pudo contemplar, asombrado, como los colores de dichas flores se intensificaban al roce de sus dedos, y no solo eso, si no que los capullos se habrían con un solo soplo de aquella preciosa y misteriosa muchacha.
Él no entendía nada, no creía posible lo que sus ojos veían, pero sin embargo allí estaba la chica, poniéndose en contacto con la naturaleza con su dulce e hipnotizadora voz.
No paraba de repetirse que no debía estar allí, pero no podía dejar de contemplarla, no quería dejar de escuchar jamás aquella canción. Pero entonces el muchacho pisó una rama seca, la cual crujió y provocó que la muchacha se asustase, dejase de cantar al instante y todas las flores de su alrededor se cerrasen de nuevo recuperando también su color natural.
Le miró asustada, y ante sus ojos, la muchacha se esfumó transformándose en millones de gotas de agua que se fundieron entre el césped que bajo ella se encontraba.
El chico se quedó mirando a donde se encontraba ella atónico, sin ser capaz de pronunciar palabra alguna, sin entender nada. No paraba de pensar que lo que acaba de ver era imposible, que debía haber sido una ilusión, ó imaginaciones suyas a causa del cansancio.
Finalmente, tras largo rato tirado entre los arbustos intentando encontrar coherencia en los hechos que acababa de vivir, se dio cuenta del largo rato que llevaba allí, por lo que se levantó y continuó su camino.
Aquel día fue el primero que comenzó a pensar en ella, aquel último día de primavera.
Los meses siguientes no pudo quitarse a aquella misteriosa muchacha de la cabeza. Todos los días pasaba por el parque en su busca, no solo donde la había visto por primera vez, sino por todos los rincones de este la buscaba, ansiaba volver a contemplar su belleza y escuchar su voz angelical, pero pasaron los días, las semanas, los meses...y finalmente el chico se dio por vencido muy a su pesar, y se convenció de que realmente aquella chica tuvo que ser una imaginación y que no podía ser real, aunque en su corazón sabía que ella existía y que nunca podría olvidarla.

A la primavera siguiente el muchacho seguía manteniendo su ruta diaria para volver a casa, pasando por el parque, cuando de pronto, volvió a escuchar aquellas notas que creía perdidas para siempre, aquella preciosa voz con la que soñaba cada noche. No podía creerlo, era ella, había vuelto al fin, sabía que no se equivocaba aunque hiciese un año que no escuchaba a aquella linda muchacha.
Rápidamente volvió a introducirse entre los matorrales del parque y efectivamente, allí estaba ella, cantando de nuevo a sus flores, que brillaban con los colores más vivos que se podrían imaginar y abrían sus capullos al son de la canción de la muchacha.
Esta vez él hizo ruido debido a los deseos de volver a contemplar el precioso rostro con el que había soñado día tras día desde la primavera anterior, pero esta vez la chica al verle no se asustó, sino que le sonrió sin dejar de cantarle a sus flores.
El chico se quedó tirado en el suelo junto a ella sin dejar de mirarla cantar durante horas, sonriendo como no lo había hecho nunca.
Finalmente se hizo de noche y la chica dejó de cantar. Inmediatamente las flores comenzaron a cerrarse lentamente y sus colores volvieron a ser los de siempre, los que el chico había visto durante meses mientras buscaba a aquella bella chica.
Ella se acercó al chico y se sentó junto a él, sin decir palabra alguna, solo mirándole y sonriéndole, hasta que finalmente él, tímidamente, se atrevió a hablarle:
-He estado buscándote...durante meses, desde aquel día el año pasado que nos vimos, ¿dónde...dónde has estado? - dijo nervioso esperando que aquella linda muchacha no volviera a esfumarse como la última vez.
-Tuve que irme... - dijo la muchacha con su angelical voz, tan bella como cuando cantaba a sus flores y semejante a su belleza física - ojalá aquel día...hubiese podido despedirme de ti... - añadió tímidamente.
-Pero yo...te asusté...lo vi en tu rostro...pensé que por eso no habías vuelto, porque te di miedo y no querrías volver a verme... - al decir estas palabras el chico no pudo evitar bajar su rostro fijando su mirada apenado en el césped que se encontraba entre ellos.
-No...es decir, sí...me asustaste, pero todo este tiempo... - dijo mientras colocaba su delicada mano en la barbilla del muchacho haciendo que este alzase de nuevo el rostro y la mirase fijamente a los ojos - no has dicho nada de lo que viste...de lo que se hacer...de lo que soy...me has demostrado que no tuve porque asustarme...y por eso hoy, el primer día de primavera...he vuelto aquí, porque sabría que aquí volveríamos a encontrarnos... - tras estas palabras no pudo esconder una amplia sonrisa de pura felicidad la cual él apreció y acompañó con otra.
-Deseaba tanto volver a verte...he soñado contigo desde aquel día...noche tras noche he escuchado tu dulce voz y he visto tu incomparable belleza en mis sueños ansiando que llegase este momento en el que te volviera a ver y pudiera decirte...que te amo, lo supe desde aquel día, y cada día que ha pasado desde entonces ese sentimiento se ha reforzado enormemente... - su corazón latía a gran velocidad por los nervios que le provocaban haber dicho esas palabras tan abiertamente temiendo que ella le tomase por un loco y no quisiera volver a verle jamás.
-¡Te amo! - dijo rápidamente al notar el miedo que él sentía y sus nervios, haciéndole ver que no tenía nada que temer por las cosas tan bellas que le había dicho - pero yo...- dijo ella mientras su rostro se ensombrecía por la tristeza que en ese momento le abatió - debes saber la verdad...yo no soy humana...soy una diosa de los bosques...de las flores...por eso no he vuelto en todo este año...solo puedo estar en este mundo durante la primavera...cuando las flores necesitan mis cánticos para salir y mostrar su belleza...está prohibido que el resto del tiempo yo esté aquí con los humanos...aunque me dejase llevar por lo que siento por ti y decidiera que estuviésemos juntos...sólo podríamos vernos cada año el tiempo que durase la primavera...
Él se quedó mirando a la muchacha mientras esta se explicaba y cuando terminó no pudo añadir palabra alguna, simplemente le acarició el rostro con ternura, acercó su rostro lentamente al de ella y finalmente juntó sus labios dándole un beso en el que le demostraba todo el amor que sentía.
Las raíces de alrededor comenzaron a salir de la tierra para rodearlos, mientras las flores de nuevo abrían sus capullos y los árboles mecían sus ramas ante aquel beso que marcaría su amor para toda la eternidad.

La primavera pasó rápido para ellos, pero cuando terminó, entristecidos, tuvieron que despedirse, sabiendo que tendrían que esperar un año para volver a verse.
Pasaban los meses y ambos se añoraban enormemente. Ella le dejaba muestras de su amor desde su mundo haciendo que las plantas de su casa nunca se marchitaran y estuvieran más bellas que las de cualquier otro lugar, sobre todo un rosal que ella le regaló a él antes de su partida y que él tenía en su habitación, junto a su cama, al cual, todos los días, le deseaba las buenas noches como si hablase a su amada. Y él, cada día, iba a su lugar de encuentro antes de volver a casa y hablaba a las flores sabiendo que su amada le escuchaba desde donde quiera que estuviera.

Al fin pasó el año, volvió a ser primavera y los amados se volvieron a encontrar en el mismo lugar de siempre, pasando de nuevo los mejores días de su vida mientras la primavera duraba.
Y así, año tras año, se esperaban mutuamente, cada uno en su mundo, ansiando volver a verse, y consolidando su amor cada día que pasaba, incluso aunque no lo pasasen juntos.

"On Abatar Ura Masarakato On-Gataru"

domingo, 17 de junio de 2012

Aparición de un ángel (mini relato, segunda parte)

Cuando llegó a su piso no podía quitarse a la chica de su mente. Su imagen se había grabado a fuego en su mente.
Sin poder concentrarse en nada más se tumbó en su cama. No podía dejar de pensar en lo bella que era, sus labios, sus ojos, su oscura melena...toda ella poseía algo que embelesaba, que hechizaba los sentidos, era una belleza propia de las diosas de los relatos que había leído tantas veces. No era artificial como la de tantas mujeres que salían por la tele, la suya era una belleza natural pero a la vez...no era propia de los seres mortales.
Cuando llevaba unas horas tumbado decidió que debía intentar plasmar dicha belleza por lo que sin dudar se dirigió a su mesa y comenzó a dibujar a la chica que le había llegado tan profundamente a su alma. Poco a poco fue capaz de conseguir un fiel retrato de su rostro, no era un buen dibujante pero había conseguido plasmar parte de la magia que desprendía. Tanto fue así que pensó que tenía que enseñárselo, a pesar de que podía tomarlo por un loco. Al fin y al cabo no se conocían, ni siquiera sabía su nombre pero algo en su interior le decía que debía hacerlo.
Con esa idea se fue a dormir, intentando ver cuál sería la mejor forma de abordarla para poder enseñárselo.
Al día siguiente los nervios fueron creciendo según iba pasando el día. Nada ni nadie le aseguraba que fuera a pasar por aquella calle nuevamente y mucho menos a la misma hora, pero tampoco sabía cómo encontrarla asique se dirigió hacia allí y se sentó en un banco de un parque cercano decidido a esperar lo que fuera necesario.
Las horas iban pasando y los nervios crecían por momentos en su interior. Ya estaba a punto de irse a su casa cuando la vio girar por la esquina, tal y como la recordaba. Su corazón empezó a latir con fuerza, sabía que el momento había llegado.

Es absolutamente precioso mi amor, me ha encantado de verdad, eres perfecto mi vida. Te amo con todo mi corazón cariño mio.

"On Abatar Ura Masarakato On-Gataru"

jueves, 31 de mayo de 2012

Rendición (mini relato)

Empezó a cansarse de luchar, a cansarse de seguir intentándolo cada día, de seguir intentando ser feliz, de seguir disimulando que las cosas le importaban y de poner buena cara para todo el mundo excepto para ella misma.
Solo cuanto estaba sola, encerrada en su habitación, sin hablar con nadie, simplemente sola, podía ser ella misma, podía ser la persona que era en realidad, esa persona destrozada que ha perdido las ganas de todo, esa persona que llora cada día sin que nadie lo sepa, la que se siente cada día que pasa más y más sola al darse cuenta de que no le importa a nadie.
Estaba harta, ya no podía más, ya no podía fingir más, era demasiado, demasiado tiempo mal, demasiado tiempo fingiendo. Sólo quería encerrarse en su habitación y no salir nunca más de ella, no levantarse de la cama si quiera, simplemente estar tapada por la colcha llorando, sin que nadie la molestase.
Hacía mucho que nadie había conseguido hacerla sonreír, nadie se preocupada de intentarlo si quiera, asique, sin esperar más, dejándose llevar por sus ardientes penas llevó a cabo sus deseos.
Dejó de salir de casa, dejó casi de comer, de levantarse de la cama, de interactuar con nadie. Simplemente pasaba los días metida en la cama, recordando una y otra vez el pasado y deseando que llegase el final cuanto antes, ya que hacía mucho que había perdido las ganas de vivir.

"On Abatar Ura Masarakato On-Gataru"

jueves, 10 de mayo de 2012

Segundo día (mini relato, 2º parte)

Estuvo todo el día pensando en ella. No podía evitarlo, aquella misteriosa chica le tenía muy intrigado...demasiado incluso.
Tras toda la noche dándole vueltas decidió volver al parque al día siguiente para poder volver a verla y hablar con ella.
A la hora del día anterior se dirigió rápidamente al parque, y al llegar la vio al instante. Allí estaba de nuevo, exactamente como el día anterior, con sus cosas en el mismo banco y apoyada en la misma zona de la barandilla.
Se acercó a ella lentamente, con el pulso acelerado sin entender ni si quiera por qué. Dejó sus cosas en el banco del día anterior y se apoyó junto a ella en la barandilla mirando al frente, posando su vista en ella un solo instante, lo suficiente para poder volver a admirar su belleza.
-¿Sigues esperando al amor?
-Sí, le espero cada día en este mismo lugar.
-No lo entiendo.
-Si tienes la mente abierta y quieres puedo explicártelo, tengo tiempo mientras espero.
-Quiero entenderlo.
-Haz la pregunta adecuada.
-¿Por qué esperas al amor?
-¡Eso es fácil!, porque ansío tenerlo, y si espero en el mismo sitio todos los días es más fácil y rápido que me encuentre.
-Entonces el lugar...¿es elegido al azar?
-No, por supuesto que no. Este parque es el de Calisto y Melibea, dos enamorados que se encontraron. El amor debe conocer este sitio, por lo tanto es más fácil y rápido que me encuentre.
-Creo que sigo sin entenderlo...
-¿Alguna vez has conocido a alguien que encaja perfectamente en tu vida y has pensado que era justo a quien siempre habías esperado?
-No...
-Pues acompáñame y esperemos juntos.
Al decir esto la chica miró por primera vez al chico y le dedicó una sonrisa. Él también la miro y no pudo evitar sonreír al verla, y asintió con la cabeza sin decir palabra alguna, pero para ambos aquello fue un juramento por el que todos los días se encontrarían en el mismo lugar a la misma hora para esperar juntos al amor

"On Abatar Ura Masarakato On-Gataru"

Aparición de un ángel (mini relato, primera parte)

Iba él andando sin rumbo, no miraba la calle ni a los viandantes que pasaban a su lado, simplemente se dejaba llevar ensimismado en sus pensamientos, pensamientos que lo torturaban hacía mucho.
De pronto alzó la vista sin saber muy bien por qué, como si una fuerza superior hubiera tomado el control de su cuerpo, y así fue como la vio por primera vez...parecía un ángel, con su pelo trenzado sobre su hombro, su grácil andar y su belleza, que emanaba una paz como jamás antes había sentido.
Cuando se dio cuenta sus piernas se habían detenido, una sonrisa se dibujaba en su ahora sonrojado rostro y no era capaz de apartar la mirada de esa chica.
No sabía quien era, nu sabía su nombre, pero sabía que desde ese instante se había convertido en la princesa de su corazón, y así, ensimismado en ese pensamiento, la vio alejarse sin que se borrara en ningún instante la sonrisa de su rostro.
(Por Ryuk Komemanzanas)

Es precioso cielo, de verdad, me ha gustado muchísimo.

"On Abatar Ura Masarakato On-Gataru"

martes, 8 de mayo de 2012

Cabezota (mini relato, segunda parte)

La diosa no se levantaba, por el contrario se quedó arrodillada frente a la losa rota con una mano sobre esta.
Los que habían contemplado el accidente se acercaron a la bella mujer al percatarse de que había comenzado a llorar presumiblemente por el dolor del golpe.
Sin embargo, cuando estuvieron a su lado la oyeron murmurar:
"Loca estoy por ti, el alabastro a tu lado se siente una lombriz.
Oh mármol!
Roca metamórfica, carbonato cálcico, sometido a presión...
Siempre te tendré en mi encimera, odio la fornica, porque se raya cortando cualquier cosa...
No te cambiaré por silestone, aunque es antibacterias...
Oh mármol...
Que estás en las estatuas..."
Y así le cantaba a la losa rota mientras sus lágrimas caían por la pérdida de su amado mármol.
(Por Ryuk Komemanzanas)

La segunda parte también me ha encantado cielo, eres un encanto de verdad.

"On Abatar Ura Masarakato On-Gataru"

Primer día (mini relato, 1º parte)

Un día más, al salir de clase, ella se despidió de sus compañeros y se fue, pero no a casa, si no al parque de Calisto y Melibea.
Al llegar dejó sus cosas en el banco de siempre y se apoyó en la barandilla mirando a la nada. El parque estaba vacío, algo normal a esa hora.
Al poco de encontrarse allí llegó un chico, el cual se sentó en un banco cercano y se puso a leer.
Ella ni si quiera le miró, pero él no podía evitar alzar la vista del libro a cada poco preguntándose si aquella preciosa muchacha estaba esperando a alguien.
Finalmente, sin poder aguantar más, dejó el libro en el banco, se levantó y se acercó a ella, apoyándose en la barandilla y simulando mirar el "paisaje", hasta que se decidió a preguntar:
-¿Qué haces?
-Esperar
-¿A qué?
-A quien
-¿A quién?
-Al amor
-¿Al amor?, ¿cómo puedes estar esperado al amor?, ¡eso no es posible!
Ante esta reacción del chico ella no pudo evitar reírse y sin decir nada más continuó mirando a la nada, pero esta vez con una sonrisa en el rostro.
El chico no entendía nada, asique simplemente mantuvo el silencio y miró a la chica extrañado mientras se alejaba lentamente de ella. Cogió su libro del banco en el que lo había dejado y se fue del parque sin poder dejar de pensar en aquella chica tan extraña y en la corta conversación que habían mantenido.

"On Abatar Ura Masarakato On-Gataru"

viernes, 4 de mayo de 2012

Cabezota (mini relato, primera parte)

Érase una vez una diosa bellísima aunque algo torpe, por lo que un día, sin poder evitarlo, tropezó, calló al suelo y se golpeó con fuerza contra el mármol. Un fuerte "crack" sonó, y todos la miraron preocupados, hasta que se percataron... que del cabezazo había roto el mármol.
(Por Ryuk Komemanzanas).

Me encantó cielo, gracias, de verdad.

"On Abatar Ura Masarakato On-Gataru"

jueves, 3 de mayo de 2012

Sueños que ojalá se cumplieran (mini relato)

Acababa de llegar a casa, sola, apenada, sin ganas de nada, asique decidió ponerse el pijama, meterse en la cama y quedarse ahí todo lo que quedaba de día, durmiendo entre lágrimas y tristeza. Se puso el pijama y se metió en la cama sin pensarlo un segundo más, dejando todo lo que traía en la silla, ya que no era el mejor momento para ponerse a ordenar. Como de costumbre puso una serie en el ordenador, simplemente para que no hubiese un silencio absoluto en la habitación y para que, si tenía mucha suerte, consiguiese distraerla algo. Tras una hora metida en la cama, tapada completamente con la colcha, y sin ser capaz de dejar de llorar al fin se quedó dormida. Su sueño no fue perturbado hasta dos horas y media después, que oyó que algo se caía en la cocina y la despertó. De pronto se acordó del sueño tan maravilloso que había tenido. No podía creérlo, nunca recordaba lo que soñaba, pero aquel si, el sueño que detuvo sus lágrimas y que consiguió que sonriera al recordarlo si. Sin esperar un instante más se levantó rápidamente de la cama y cogió papel y bolígrafo, tras lo cual se sentó en la mesa. Quería plasmar aquel sueño en papel para que nunca se le olvidase, asique comenzó a redactarlo: "Me despertaba por la mañana temprano y él estaba ahí, a mi lado, durmiendo abrazado a mi, sin ningún tipo de tela que separase nuestros cuerpos ni un milímetro, era una sensación maravillosa... Sin poder evitarlo me quedaba mirándole durante varios minutos, sonriendo ampliamente. Me levantaba lentamente para no despertarle, me vestía con lo primero que pillaba e iba a la cocina. Abría la nevera y tenía fresas con una pinta inmejorable, asique las cogía, las picaba y las mezclaba con azúcar. Después cogía la bandeja y dos boles, echaba fresas en ambos y volvía a la habitación con la badeja en la mano. Al abrir la puerta de la habitación él ya se había despertado, y al verme entrar me sonrió con esa sonrisa que siempre ha iluminado hasta el más oscuro rincón de mi mundo, haciendo que yo también sonriera. Me acercaba a la cama sin poder dejar de sonreir y colocaba la bandeja ante él para que cogiera uno de los dos boles de fresas y desayunáramos juntos en la cama. Al ver las fresas me daba un tierno beso lo primero, y luego cogía un bol y se las comía diciéndome lo buenas que me habían quedado mientras yo me comía las mías. Me sentía tan feliz..." Al terminar de escribir una tristeza invadió a la chica, porque se dió cuenta de que él no estaba allí con ella, y de que todo aquello que había soñado no podría hacerse realidad, entonces no pudo evitarlo. Se levantó rápidamente de la silla, dobló la hoja en la que había escrito su sueño y la guardó en la cartera. Miró la hora y calculó rápidamente que tenía apenas un par de horas. Compró un billete sólo de ida por internet, se duchó, se arregló, hizo la maleta y llamó a un taxi que la dejó en la estación, y desde allí, mientras esperaba el autobús que la llevaría junto a él le llamó, y solo le hizo falta pronunciar las siguientes palabras para que su enamorado supiese lo que iba a hacer: "Te veo a las diez".

"On Abatar Ura Masarakato On-Gataru"